| El test Voight-kampff : Monstruos S.A y un americano en el gobierno del terror de Bush. |
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| Cine - Artículos | ||||||
| Por Gabriela Garcés | ||||||
| Lunes, 08 de Febrero de 2010 00:19 | ||||||
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Nuestro peludo protagonista Sully sale de casa cada mañana con su fiambrera en mano, junto a su amigo Ojito Saltón para llegar a su adorado trabajo en Monstruos S.A: La compañía principal, generadora de energía y luz en los hogares. Pese a que pueda parecer que él es de los más importantes de la compañía, nos damos cuenta de que comparte puesto y nivel con multitud de monstruos. Sullivan tiene mucho potencial, pero solamente es el más abnegado y feliz desempeñando su empleo. No tiene ambición de poder. Es el americano medio por excelencia, feliz y ajeno a lo que le rodea. En una de las primeras secuencias vemos a Mike y a Sully camino del trabajo, saludando a amigos y vecinos monstruos, mientras los niños del barrio juegan alrededor. Ese barrio podría estar perfectamente localizado en cualquier ciudad pequeña de USA. Todos estarían haciendo lo mismo en el mismo momento. Quizá tuvieran 5 ojos menos, eso sí. Estamos hablando de Mike y Sully, dos amigos solteros, en edad de merecer, que comparten piso y también trabajo. Son el tipo de persona sencilla, tranquila, que se vuelve absolutamente loca cuando va la televisión a grabar un spot a su fábrica. Incluso si en el spot le han tapado la cara con el logo. Como en cualquier conversación del Metro de Madrid a las 8.00 de la mañana, estos dos monstruosos amigos hablan de chicas (la novia de Mike), del interés en adquirir un coche y de las pequeñas batallas entre trabajadores para aumentar la productividad. Hasta aquí podría ser cine social europeo del más concienciado. Es importante destacar también la nada sutil elección del personaje que pone voz a Sully en inglés, John Goodman (puede que hasta físicamente se hayan inspirado en él). Goodman ha sido clave en la interpretación de algunos de los personajes de clase trabajadora (blue-collar) más queridos y reconocidos: desde el padre en la comedia obrera por excelencia, Rosseanne, hasta el auténtico obrero primitivo del imaginario Hanna-Barbera: Pedro Picapiedra. No olvidemos, además, el gusto que siempre ha tenido el cine y la televisión por el género blue-collar, dedicándole sin ir más lejos, una serie infantil completa: Dinosaurios, con un Earl Sinclair pre-Homer Simpson que solo buscaba la estabilidad en su hogar.
En cine, haciendo memoria, el blue-collar de ciencia ficción más conocido de todos los tiempos,lo forman el grupo de obreros que pelea por llegar a fin de mes, quienes esta vez consiguen montar su propio negocio de caza de fantasmas, cortesía de Bill Murray, Dan Aykroyd y Harold Ramis. Y cuando la pequeña Boo entra a formar parte de las vidas de nuestros dos solterones, no podemos evitar asociar con la pretendida referencia de los clásicos de los 80, Tres hombres y un bebé o Tres solteros y un biberón. Los gags, situaciones cómicas y evolución de los personajes apuntan sin dudar a un fin de Baby, tú vales mucho.
Una vez en la fábrica, comprobamos como nuestro azul Don Quijote y su fiel escudero verde de ojo fijo, cuentan con las simpatías del jefe absoluto de la empresa: el señor Waternoose. En apariencia bonachón e inquietante, halaga a nuestro ciudadano modelo, poniéndolo como ejemplo de conducta y saber hacer en el oficio de “asustador”. La sociedad de Monstruos S.A. está basada en la utilización de puertas al azar por las que se cuela cada monstruo a asustar a un niño. Al asustarle, con el poder de los chillidos se consigue más cantidad de energía para iluminar la preciosa Monstruópolis. A más terror, más chillidos, más energía.
Monstruos S.A. es el desconcierto del pueblo americano en la era Bush. Es la crítica a la inactividad, al llamarse buena persona y taparse los ojos con la ignorancia. Es la desinformación que provoca la sociedad de la información. Es la apuesta por otro tipo de gobierno no basado en el terror ni la explotación, sino en la colaboración entre pueblos. Las puertas son claves, puesto que tienen un subtexto de frontera, de territorialidad. Siempre son los “monstruos” los que invaden los territorios de los niños. Nunca al revés. Hasta el momento en el que, por un error, un diminuto extranjero llamado Boo se cuela por sus fronteras. Y el miedo da paso a la curiosidad y la curiosidad, como siempre, a la ruptura de prejuicios y el cariño: el conocimiento de la verdad por uno mismo. La crítica al pueblo americano parece estar convirtiéndose en género, ya que, como vemos, no es nada nuevo. Michael Moore apuesta por un tratamiento más directo, sin embargo estamos hablando de lo mismo. Mientras Moore se pregunta por qué en Canadá nadie cierra con llave, y se responde “porque no tienen miedo del vecino”, Pixar se cuestiona el grado de responsabilidad de cada americano. Sin embargo, es una película universal sobre la esperanza: por mucho que alguien viva ciego, siempre podrá abrir los ojos y cambiar el mundo. Y es que es ese obrero, como cualquier otro, el que consigue hacer historia. Pero, sin duda, la clave universal que desprende esta película es ayudarnos a comprender que, por mucho que nos digan, ningún extranjero es tóxico.
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