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Cine -
Críticas
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Por Jose Cabrera Betancort
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Jueves, 04 de Marzo de 2010 01:02 |
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Una offroad movie en la que un marginado social recupera el rumbo de su vida tras un viaje iniciático.Vale, digamos que no es la primera vez que vemos esto. Y que los nórdicos nos han acostumbrado a este tipo de personajes aislados. Al frío, al blanco cubriendo la pantalla del cine, al escaso diálogo.
Nord inspira serenidad en sus planos. La crisis de los recién iniciados 30 años del protagonista se supera enfrentándose a sus fobias, a los miedos que le han paralizado durante años. Minimalismo en el planteamiento y en el desenlace. Posee una de las mejores secuencias del cine cómico europeo reciente, un gag digno de lo mejor de Keaton o Lloyd, impregnado del humor negro más exquisito que recuerde en una sala de cine.Y un bellísimo final que añade valor a una sintética obra de gran calado.
La determinación del protagonista parece ser similar a la del director y se adivina el regusto de un cierto paralelismo entre los objetivos de uno y otro.La paternidad del personaje principal encarnada en la sombra del hijo frente a la paternidad de una obra basada en la búsqueda de la madurez del protagonista. Una obra homérica, cercana a la idea del viaje como aventura. Rune Denstad Langlo se deja fuera a Penélope para centrarnos en la idea de una Ítaca perdida entre montañas donde espera el ser más querido con un trineo. En Nord las mujeres son desconfiadas por naturaleza y los hombres son débiles.
El aislamiento no priva de un cierto calor en las palabras. De una acogida cálida dentro de los hábitat de cada una de las paradas del viaje.Cada uno de los episodios de un Ulises mentalmente inestable. Físicamente deplorable.Las transiciones muestran el desarrollo mental del protagonista. Las dudas que se van disipando. La audacia in crescendo que desemboca en una valentía no exenta de una habilidad digna de cualquier héroe made in hollywood.
Un film galardonado en la pasada edición de la Berlinale, en Transilvania y en Tribeca. Tres festivales internacionales de cine que son una garantía.Otra firma de calidad que lo respalda es que ha sido distribuido en Italia por il signore Nanni Moretti. La mesa è finitta.
Lo mejor: Aprender que nunca te debes atar a tu vehículo.
Lo peor: Que el frío que puedes llegar a sentir te desconecte del film. Nota: ***
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Por Hernán Panessi
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Martes, 23 de Febrero de 2010 20:30 |
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La situación es la siguiente: ¿Qué haría el mundo si de un contexto sumamente sórdido emergiera un ángel para hacerle frente a la adversidad con armas atípicas? La respuesta: primero se intentaría direccionar el énfasis en destruirlo y luego, cuando su victoria se haga evidente, cuando su voluntad divina se haga fáctica, elevarla a la categoría infinita (e inevitable) de icono absoluto.
Argentina es un país que ha vivido inmerso en diversas dictaduras militares en los últimos cien años (actualmente, y desde el año 1983, el país goza del estado de democracia). Éstas, como cualquier intervención de tal calibre, poseen enormes aparatos de censura con el fin de acallar a la opinión pública y, de algún modo, volcarla en su favor. Hace 30 años cuando las sociedades eran menos modernas y más puritanas, un director argentino llamado Armando Bó decidió poner como actriz principal de sus películas a una ignota, hasta el momento, Isabel Sarli (una definición contemporizadora sobre la diva argentina encontrada en un reportaje publicado en un popular diario criollo reza: “Isabel Sarli es tan popular en Japón porque cada una de sus tetas es más grande que la cabeza de cualquier japonés”, haciendo alusión al fervor que ocasionaba Sarli en Oriente, tomando dimensión de un fenómeno avasallante y global).
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Por Juanma Ruiz
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Jueves, 18 de Febrero de 2010 02:45 |
Si la fiabilidad de un director se mide por el grado de seguridad que uno puede tener al entrar a ver una película suya, entonces no hay cineasta más fiable que Joe Johnston. En su dilatada en el tiempo pero breve filmografía, no hay un título al que un servidor no le daría las mismas tres estrellas que se lleva este licántropo. Ni Jumanji, ni Cariño, he encogido a los niños ni Rocketeer fueron películas de especial brillo, pero ninguna de ellas dejó de cumplir lo que prometía ni hizo sentir vergüenza de haber pasado por taquilla. Y El hombre lobo no es una excepción.
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Por Raquel Hernández Luján
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Martes, 16 de Febrero de 2010 14:41 |
Adaptar la excelente y dolorosa obra de Cormac McCarthy The road (La carretera), era una tarea tremendamente complicada. El primero de los requisitos para adentrarse en la forma de la narración, era no dar demasiada información al principio para dejar que el espectador fuera descubriendo la trama. A los cinco minutos esta ilusión se desvanece, una accesoria voz en off en primera persona, del todo inexistente en la novela, dinamita la posibilidad de realizar el viaje de la mano de un hombre y su hijo, que van subsistiendo con lo que encuentran en su camino.
Este arranque, además, se sumerge prematuramente en flashbacks que debieran quizás aparecer más tarde, para así tener un anclaje mayor en el momento en el que tienen lugar. No obstante, la película crece a medida que se desarrolla, y estos saltos en el tiempo van ajustándose poco a poco hasta suceder en el momento preciso, aportando la información necesaria sin escamotearle protagonismo al devenir de la historia.
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Por Raquel Hernández Luján
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Viernes, 12 de Febrero de 2010 14:55 |
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Desde que la viera por primera vez en su estreno en Sitges, he tenido tiempo de sobra para reflexionar acerca de las virtudes y los defectos de esta más que solvente puesta de largo de Gabe Ibáñez como director.
Hay que decir que Elena Anaya realiza un gran trabajo, como fue reconocido en el propio festival, donde recogió el premio a la mejor actriz (ex-aequo, junto a Kim Ok-vin, por la fantástica Thirst). Hierro le permite desempeñar un papel complejo e incómodo: el de sufriente madre, desesperada ante la desaparición de su hijo en un viaje a la isla. La actriz se sumerge tanto en la carga de dolor del personaje que resulta no solo creíble sino conmovedora. Sin embargo, su personaje no siempre se rige por la lógica, resultando este punto el talón de Aquiles de la película. A pesar de este evidente fallo de guión, el interés se mantiene hasta el final.
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Por Juanma Ruiz
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Martes, 02 de Febrero de 2010 00:39 |
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Todas las películas hablan de sí mismas, y La mujer sin piano no es una excepción. Así, del mismo modo que en los encuadres de Lo que sé de Lola, primer largometraje del madrileño Javier Rebollo, se escondían las mil historias de su rodaje, en esta segunda película se plasma una alucinada huída nocturna por las calles de un Madrid vacío que tiene tanto de making off como de ficción narrativa. Se adivina también la personalidad de un creador capaz de ver la magia de los momentos más secos, en las palabras no dichas, en el eco de un tacón contra las paredes en una calle desierta.
Y así, Rebollo se lanza a la consolidación de su estilo y consigue al segundo intento, como buen enfant terrible, una película de madurez, limando y perfeccionando los rasgos definitorios de su brillante pero tal vez un punto demasiado fría Lo que sé de Lola, consiguiendo una calidez insospechada y quitándose de una vez el manto de solemnidad con el que buena parte de la crítica lo ha cubierto. Donde antes el público no sabía si el autor estaba haciendo una broma o alguna metáfora trascendental, esta vez se atreverá a reír sin temor a estar cometiendo algún tipo de irreverencia. Además, probablemente sean las dos cosas a la vez.
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