Vuelve Jennifer Aniston. Y aunque no sea en el papel de Friends regresa para reencarnar a la típica mujer a la que nos tiene acostumbrados en otra comedia romántica. La cinta, basada en una novela corta del ganador de un Pulitzer, Jeffrey Eugenides, no deja de caer en los estereotipos de este género y como no podía ser de otro modo, con final totalmente previsible: sea cual sea la trama, los protagonistas acaban juntos. Sin embargo, esta cinta “de los productores de Pequeña Miss Sunshine y Juno” no sólo entretiene al espectador con algún que otro toque cómico del guión como hacer fiesta de inseminación o el momento Diana Sawyer sino que se centra en un tema de actualidad: la posibilidad de ser madre soltera mediante la inseminación artificial.
Claro que, no podemos olvidar su género y pese a partir de una idea original, la trama no deja de ser de lo más previsible y habitual: dos personas del sexo distinto que pese a quererse no están juntos y sus respectivos mejores amigos (en versión femenina y masculina) contando con el antagonista: en este caso, el hombre perfecto que encarna Patrick Wilson en el donante de esperma. Sin embargo, el guión está muy bien estructurado y cuidadoso en sus detalles y permite a Jason Bateman lucirse en el papel de un personaje neurótico y pesimista.
Pero además, la película incorpora la relación padres e hijos desde el punto de vista del descubrimiento de las neurosis, problemas y actitudes de los hijos tomadas de los padres. Es destacable el papel de Thomas Robinson, encarnando al pequeño y neurótico Sebastian.
En definitiva, la cinta no brilla pero tampoco traumatiza. No deja de ser más de los mismo pero incorporando novedades (incluso cuenta con un momento hippie y alternativo bajo la supervisión de Juliette Lewis) que agilizan la narración y permiten al espectador disfrutarla. Cuenta con una buena narración visual, un guión coherente con toques de humor y unos actores decentes entre los que se crea una buena química.
Una buena forma de pasar la tarde con una película que consigue que el espectador, sin esperar demasiado, se introduzca en la trama y se divierta.
Lo Mejor: cómo los guionistas afrontan el momento más previsible
Lo Peor: que la vendan como otro producto de los creadores de Juno cuando no tiene nada que ver con la anterior
The Karate Kid (2010), dirigida
por Harald Zwart e interpretada por Jaden Smith y
por Jackie Chan, parte como un “remake” de la película del año 84 que, si bien no logra superar a la original, aporta suficientes diferencias como para entretener durante buena parte de su metraje y divertir a adultos y niños, como bien hiciera la película de John G. Avildsen.
Ambas películas, la del 84 y la
de este año, tienen como base el introspectivo viaje de un chico
que, acompañado por su madre, debe desplazarse de su lugar de origen
hacía otro emplazamiento donde iniciar una nueva vida. El
protagonista, no sólo debe aceptar ese obligado viaje, también debe
enfrentarse a un conjunto de chicos de ese nuevo entorno y de su
misma edad, que tienen afición a las artes marciales, y que no
quieren facilitar su adaptación. En esa lucha ambiental, el protagonista
se enamora de una chica, y es ayudado por un, ya veterano, maestro de
las artes marciales, que también necesita de su alumno para
redimirse de sus propios traumas internos. Eso si, como dije, hay diferencias
entre una y otra versión.
Si en la primera película del año 84,
protagonizada por Ralph Macchio yeldesaparecido
Pat Morita, la historia giraba entorno a un adolescente que
viajaba a California acompañado por su madre, en la segunda
versión el protagonista es un niño de unos 12 años de edad, que se
ve obligado a cambiar de país, en este caso, China. Esa diferente localización, aporta un
gran aliciente a la película, ya que acrecenta la soledad del
protagonista, y enriquece visualmente la película, debido a su
perfecta ambientación en entornos reales de la ciudad de Pekín. En ese sentido, la película es todo un
éxito, ya que aporta una fotografía maravillosa, sobre todo en las
escenas rodadas en La Muralla China, y porque nos muestra
buena parte de las costumbres de ese país y de sus gentes.
En cuanto a las actuaciones, Jaden
Smith (Soy Leyenda, En busca de la felicidad) está
bastante bien en su personaje, y Jackie Chan (Hora Punta)
nos sorprende con un personaje que, si bien no es el Miyagi de
Pat Morita, aporta carisma y emotivas escenas. Otros secundarios como la madre del
protagonista, Taraji P. Henson, muy floja en su interpretación, la
amiga, interpretada por Wen Wen Han, o el niño enemigo del
protagonista, Zhenwei Wang, perfecto en su papel, completan
el reparto de esta nueva versión.
La película, técnicamente hablando,
es muy buena en el apartado de la fotografía, con bellas tomas
aéreas, con muy buenas localizaciones, y con una imagen limpia, sin
apenas grano cinematográfico. Habrá que tenerla muy en cuenta en su
salida en formato Blu-ray, ya que tiene una imagen fantástica.
Otro aspecto a destacar, son las
trabajadas coreografías de artes marciales, que están rodadas de
una manera clásica, sin temblores de cámara, y en donde se ven cada
uno de los golpes. Es de lo que más destacado de la
película, ya que los protagonistas de esas escenas son niños de los
que no cabría esperar tanta preparación.
Siguiendo con el aspecto técnico, la excelente música a cargo de James Horner
(Titanic, Avatar, Aliens, Braveheart) consigue componer una banda sonora bastante completa, llena de
emotivas piezas, en especial al comienzo del film.
El único aspecto que no termina de
convencer es la relación amorosa del protagonista. Tal vez resultase más creíble en el
clásico de 1984, y tal vez fuera así, debido a la diferente
edad de los protagonistas, y por el diferente entorno ambiental en el
que se enamoran. Cuesta creer que un niño, recién llegado a un
país tan diferente como el asiático, se enamore de buenas a
primeras de una niña de ese país. No convence esa relación, esta forzada, y sólo interrumpe al núcleo
central de la historia.
Sin entrar en más comparaciones con la
película del 84, The Karate Kid (2010) es una película bastante
entretenida y que consigue lo que se
propone.
Lo Mejor: La ambientación, la banda
sonora de James Horner y las coreografías de artes marciales.
Lo Peor: La, poco creíble, historia de
amor y la actuación de la madre del protagonista.
Si hiciéramos un ranking desde que se inventó el amor en el cine , sin duda Westley y Buttercup de La princesa prometida encabezarían la lista junto a Sam y a Molly Jensen de Ghost.
Pero, aunque parezca imposible, la relación que mejor retrata la realidad del amor en estas ficciones no es la “más realista” formalmente y que se desarrolla en plena ciudad. Es la relación de Westley y Buttercup la que refleja con aguda ironía, los problemas del amor, del desamor y de la convivencia sin venderse a licencias de amor épico de saldo.
Westley y Buttercup no son la clásica pareja de película épica de aventuras y eso es algo de agradecer y en los años 80, es todo un triunfo. No tienen un amor plano y puro nada más que al principio, ni siquiera platónico, puesto que ella le maltrata y disfruta ordenándole tareas sin sentido y él aceptando con un "como desees" que roza el masoquismo. Después, tienen un amor intenso y, en ocasiones difícil. Como bien remarca nuestro abuelo- narrador: “¿Crees que es fácil mantener una hermosa relación?”. Reina la culpa junto al cariño, algo de maltrato junto a amistad, promesas incumplidas y reproche frente a la ternura, bañado todo de un cinismo que está presente constantemente trasladado directamente de la mano del director Rob Reiner. Incluso, se atisban al principio unos reproches en torno a la diferencia de clases sociales.
Y es que sabemos, que si en vez de vivir en Florín, se hubieran criado en Leganés, los problemas de Buttercup y Westley hubieran venido disfrazados de ver quién tenía que haber ido a por la leche y no lo ha hecho, que no es el ataque de unas ratas gigantes, pero a la larga añadido a otros reproches, puede ser igual de devastador y horroroso.
Y si hay alguien por ahí que dude, no tiene más que observar el hecho de que mientras Molly permanece pura más allá de la muerte de su amado Sam en Ghost, a Buttercup le falta tiempo para rehacer su vida (aunque se sienta desgraciada y mucho) y buscar una estabilidad, si ya no es amorosa, por lo menos monetaria, comprometiéndose con el villano de Humperdinck. Nada menos. Y aunque abatida y pensando que nunca volverá a amar a otro, se deja porque la vida sigue. El muerto al hoyo, que decían en su reino.
Siempre es maravilloso el disfrute de las películas en varios niveles, ya que mientras los niños verán imágenes fascinantes y una película de aventuras, los adultos se reirán, empatizarán y seguirán riendo en una película en la que el humor no está basado únicamente en los sketches cómicos. Estamos ante la clásica épica y aventura pero que realmente obedece a una especie de parodia de su género con mimo elegante y mucho más seria y trabajada que una película de aventuras al uso sin más trabajo de fondo de las que nos saturan cada día.
Resulta muy interesante, ya de por sí, el planteamiento de la película y por ende, el del libro en el que se basa y es que por algo se encargó de su adaptación el propio escritor de la novela, el magistral Goldman.El juego metatextual en La princesa prometida se basa en que un abuelo le cuenta a su nieto una historia de aventuras, amor y piratas, mientras nosotros espectadores vemos ambos niveles por encima de ellos. El libro va más allá : es el propio Goldman el que dice transcribir una historia de un tal S Morgemsten, que a su vez le contaban a él cuando era pequeño, mientras él ha tenido el detalle de saltarse las partes aburridas de ese “pseudo-libro original” del que nos habla. Este enfoque narrativo, sin ser algo nuevo, es un soplo de aire fresco para el ritmo de la cinta o la novela, ya que en ambos casos permite tanto a escritor como a realizador hacer rupturas narrativas y avanzar, detener, realentizar e incluso omitir partes de la historia según le convenga. El mejor ejemplo de ello, es cuando el niño se pone tozudo con el “otra vez se están besando” y como ese trozo de la historia que no quiere oir, para el espectador desaparece, encontrando en ocasiones la historia avanzada de una manera viva sin saber porqué determinados personajes ahora van juntos o ahora ya no. Un recurso que recuerda ligeramente al “falta un rollo de película” en Green House de Rodriguez.
Como vemos, en este cuento de hadas, ni siquiera emisor o receptor intradiegéticos (abuelo y nieto) se encuentran muy convencidos con el tema del amor. Uno, bastante cínico y el otro desinteresado por su corta edad. Y yendo más allá, el resto de los personajes secundarios lo entiende de una manera muy personal: el gran espadachín español Íñigo Montoya basa su vida en el amor propio herido y la venganza, Humperdinck tampoco es que sienta una gran devoción por ser humano alguno así que se adora a sí mismo e incluso el milagroso Max y esposa (irreconocible Billy Cristal) no puede concebir que una persona quiera volver de la muerte solamente por disfrutar del “amor verdadero”. Y es que viendo cómo se lleva él con su esposa es lógico que le parezca más razonable volver del más allá por un “farolero”. Nadie le culpa. Y sin embargo, una capa de inocencia e ilusión en el concepto del amor recubre esa pizca de acidez que envuelve la cinta, al igual que el milagroso Max recubre la pastilla para que sea mejor digerida por Westley.
Vendida como una película al uso en su momento, aunque lo negaran explícitamente con un horrendo trailer que le hacía flaco favor, ha conseguido establecerse como la predecesora de películas como Stardust, donde las dosis de acidez y fantasía se mezclan en un nuevo concepto de fantasía.
Así que, cuando vuestro nieto os pregunte si va a ser una peli de amor y de besos, decidle siempre. No pequeño: va a ser una peli de besos y de problemas enormes, como RAG o roedores de aspecto gigantesco. Y de cómo Westley y Buttercup aprenderán, gracias a sus amigos y a su tenacidad, a saber identificar los sonidos que preceden a los problemas y apartarse para solucionarlos, como los fuegos inesperados del pantano o las arenas movedizas. De grandes sacrificios personales, de superar retos de fuerza, ingenio e inteligencia por salvar a relaciones. Pero sobre todo, será una peli de amor verdadero. Pero no de ese que te contaron, no de ese que solamente va de besos.
Lo mejor: el ritmo, el guión, la dirección y las interpretaciones de principales y secundarios. La ruptura narrativa del discurso y el giro de 180º al género sin salirse de él. La música de Knopfler.
Lo peor: la manera en que fue vendida y que aún no esté implantada en el imaginario colectivo de todos.
Picasso, llegado a un
punto de su vejez, admitió que nos había tomado el pelo a todos.
Que todo su arte tras descubrir el cubismo había estado basado en la
farsa del éxito que tenía. Dado el dato, si Woody Allen admitiera
algo parecido no me extrañaría, dado que, señoras y señores, el
director de Nueva York, el eternamente obsesionado con el sexo y la
existencia, no se esfuerza.
Cabe decir que tiene una
gran mano y un gran coco. Nos sigue sorprendiendo con personajes
estrafalarios de la vida cotidiana, nos sigue mostrando la otra cara
de la moneda de dedicarse al arte de escribir. Sigue teniendo
diálogos guasones pero lo que está claro es que llegado a un punto
se aburre y termina el guión, o el rodaje, como buenamente puede.
Sin esfuerzo. Parece estar pensando “Van a ir a ver la película de
todas, todas”.
Y es que al tremendo
Woody Allen de Desmontando a Harry (1997), Celebrity (1998) o Match
Point (2005) se le echa de menos. Se echa de menos su cuidadosa
escritura del guión, sus acuerdos y desacuerdos fugaces, su comedia
cínica y su crítica sutilmente brutal... O ha envejecido como el
vinagre o es que se ha ganado el derecho a hacer lo que quiera con
sus personajes. Voto por la segunda.
Yo, de mayor, no quiero
ser como Super Man, quiero ser como el tito Allen que consigue que,
sin ningún motivo aparente, la gente acuda al cine a ver sus
películas sedientos de su incansable estilo pero hay que admitir
que, para llegar a ese punto, se lo ha currado. Nos ha dado momentos
estelares en el cine. Nos ha iluminado con una forma distinta de
hacer comedia y, desde luego, hoy día nos ofrece algo muy alejado de
lo que un día fue.
Conocerás al Hombre de
tus Sueños habla de las formas caprichosas que adopta el amor, un
sentimiento confuso y cambiante a la vez. Habla del miedo de hacerse
viejo y del miedo al fracaso. Normalmente Woody Allen nos tiene
acostumbrados a estas historias pero el punto interesante viene
ahora. Woody Allen siempre se ha visto reflejado en uno de sus
personajes en todas sus películas. En su último largometraje ha
dividido fuerzas, dado que cada uno de sus personajes tienen algo de
el mismo. El miedo a envejecer del personaje de Anthony Hopkins,
miedo al fracaso del personaje de Josh Brolin, la busqueda de la
felicidad del personaje de Naomi Watts... todos guardan su pedacito
de “papá” dentro del corazón.
Pero sobre todo hay que
preguntarse una cosa ¿Los actores españoles tienen también un
pedacito de Woody Allen de nacimiento o es que este saca lo mejor de
ellos en cada toma? Ya se vio el gran trabajo de Penélope Cruz y
Javier Bardem en Vicky Cristina Barcelona (2008). Ahora vemos el de
Antonio Banderas. Un trabajo impecable. Allen dijo hace poco que los
actores españoles son los mejores y, viendo los resultados en sus
últimas películas, no nos extraña que llegue a esa conclusión. Le
queda probar con Carmen Maura o Maribel Verdú entre otras.
Woody Allen ha cambiado.
Nos ofrece salami cuando lo que queremos es un buen bistec acompañado
de salsa de setas, aunque es cierto que el salami siempre tendrá un
sabor aceptable.
Lo Mejor:Antonio
Banderas.
Lo Peor: ¿De verdad
tenía que acabar de forma tan desordenada?
Hace
mucho que llevo pensando en algo que me asusta al mismo tiempo que me
fascina. Es interesante porque me ha llevado a considerar el cine
como un reflejo del momento en que se vive. Ese algo es el cambio
generacional. Los modos, maneras y medios de hacer cine ya no son los
mismos que en mi infancia, una lástima. Pero todos tranquilos. Los
ochenteros melancólicos como yo que levanten la mano porque, gracias
a dios, gente como Joe Dante
sigue viva.
Ver
la última película del director de Aullidos (1980) y El Chip
Prodigioso (1987) es como volver felizmente a las películas de miedo
de los ochenta. Podemos respirar las atmósferas de Pesadilla en Elm
Street (1984), Gremlims (1984), Creep Show (1982) y sus respectivas
secuelas.
Esas
bandas sonoras sinfonistas que te metían en la historia y que
conseguían calar el miedo hasta los huesos; esos argumentos un tanto
simples, nada pretenciosos pero que a pesar de ello eran capaces de
tenerte entretenido como el que más; ese modo de mantener la tensión
hasta puntos insospechados... Joe Dante tiene un estilo que parece
mezcla de Roger Corman y Steven Spielberg. Podemos saborear esta
película como un episodio de En los Límites de la Realidad
(1983) o Cuentos asombrosos (1985) sin olvidar cierta conexión
con la serie B.
A
pesar de todas estas conexiones con los 80, Dante no ha dejado pasar
la oportunidad de utilizar las nuevas tecnologías (¿quien se puede
resistir a ellas hoy en dia?). Seamos sinceros, los muñecos
robóticos y el stop motion
están casi muertos para la cantina USA, pero afortunadamente
tenemos un residuo de ellos en el pequeño payaso que atormenta a
Lucas (Nathan Gamble) y te responde a la difícil pregunta: “¿Que
saldría si el payaso de It (1990) y un gremlin hubieran tenido un
hijo?”.
Hay
algo en lo que sí ha innovado este maestro del terror y es en el
mero hecho de rodar el largometraje íntegramente en 3D. Su uso está
bastante justificado dado que todo el miedo se centra en un mundo
onírico, un agujero sin fondo en el suelo del sótano que al abrirse
libera todos los miedos de los tres jóvenes protagonistas, objetos
que parecen mas grandes de lo que son... Toda experimentación con el
3D es innovación dado que es una tecnología recientemente mejorada
y comercializada en las salas.
Esta
película se adentra en los miedos y dudas adolescentes. Es sugerente
a la vez que directo en los diálogos. Se nota que Dante conoce cual
ha sido siempre su público objetivo, toda la etapa pre-post
adolescente, y trata de dejarlos a todos bien servidos de su dosis de
identificación con los personajes.
Joe
Dante sabe lo que se hace y no atiende a experimentos narrativos.
Esta película tiene todos los elementos de una buena y clásica
película de terror adolescente. No busca sorprender. Busca
entretener y asustar y, cuidado los que vivieron los 80 de pleno
porque les puede traicionar el subconsciente y descubrir que están
metiendo mano al vecino.
Pues
bien. El cine está vivo. Se mueve y crece y cambia con el paso de
los años, con la ventaja de que de vez en cuando puedes sentarte en
una butaca, echar una mirada atrás y sin ningún esfuerzo empezar a
recordar.
Lo Mejor: Trabaja con el terror que siempre ha funcionado.
El juego de la supervivencia vuelve a
la gran pantalla en esta segunda entrega espiritual (ya muchos han
olvidado Depredador 2) de los letales cazadores intergalácticos. No
es que haya pasado demasiado tiempo desde su última aparición en el
cine, “gracias” a las dos entregas de Alien vs. Predators, pero,
en esta ocasión, vuelven a ser los protagonistas absolutos.
Siguiendo la estela de lo que hizo
James Cameron con Aliens, el director Nimród Antal y el productor Robert Rodriguez deciden que hay
que aumentar la apuesta. Un depredador no vale, varios tampoco, ahora
hay que mostrarles en su terreno, con su fauna y sus criaturas. En
una acertada decisión de guión, la película abandona la Tierra
para llevar a las presas de los depredadores a un territorio mucho
más hostil y desconocido, su propio coto privado de caza.
Sin embargo, un irregular reparto lleva
la película por unos constantes altibajos, con tantos aciertos como
errores. Mientras que los protagonistas Adrien Brody y Alice Braga
(Ciudad de Dios) cumplen, el casi-cameo de Lawrence Fishburne
(Matrix) o la intervención de Topher Grace (Aquellos maravillosos
70) no terminan de convencer, dejando al espectador huérfano de
referencias con las que identificarse. Muchos de los que acompañan a
Brody en la película sólo están para sus respectivos y divertidos
momentos de gloria, pero poco más.
En cuanto a la acción, la película
cumple con creces en sus momentos de tensión, pero en el trayecto
entre ellos el ritmo baja, pudiendo perder ligeramente la atención
del espectador. Quizás el mayor problema es que la supuesta sorpresa
inicial sobre el lugar donde se desarrolla la acción es de
conocimiento público, lo que convierte todo el tramo inicial de
“búsqueda de respuestas” en un camino algo arido.
Como continuación, la película cumple
con creces, siendo bastante respetuosa con el material original y
llevándolo a un nuevo nivel, haciéndola muy entretenida para los
seguidores de esta pequeña franquicia. Los fans pueden llegar a
disfrutarla aún más si no soportan el resto de productos de la saga que han
aparecido en la gran pantalla en los últimos años.
En definitiva, un trabajo correcto del
director, con un reparto irregular, pero con unas escenas de acción
bastante divertidas.
Lo Mejor: Esta si que es una buena
continuación de Depredador.
Vamos a dejar las cosas claras desde el principio: la película es lenta y aburrida. No es mala, sólo es aburrida, la primera hora es larga y la otra media restante es eterna. Se ve una voluntad de alargar el metraje hasta que llegue a la hora y media que suele durar una película mediante variadísimas secuencias de relleno, desde una alucinación del protagonista en la que aparecen todos los personajes hasta un resumen de la historia de Sansón y Dalila utilizando imágenes de la película del mismo título (Sansón y Dalila) de 1949. Durante la última y agónica media hora, llega un momento de sumo tedio en que las historias de relleno son más entretenidas para el espectador que la película en sí.
El caso es que la película no empieza mal pero tampoco sabe evolucionar. La acción se estanca, los personajes no evolucionan y cuando termina nos quedamos con la duda de qué ha sucedido y sin un mensaje sobre el que reflexionar. Un final debe dejar claras algunas cuestiones básicas de la película, es decir, debe ser un desenlace. Incluso las historias con final abierto dan respuestas. Pero en 44 inch chest ni hay final abierto ni hay respuestas ni sabemos de dónde viene el título, ni mucho menos el subtítulo que se le ha puesto en castellano: La medida de la venganza. Lo que sí tiene esta película son tantos "fuck" por minuto como cualquier guión de Tarantino pero con menos estilo y sin gracia. Se agradece la participación de ese estupendo reparto (Ray Winstone, Ian McShane, John Hurt, Tom Wilkinson y Stephen Dillane), sobre todo el veterano John Hurt, que hace que su personaje sea lo más soportable de toda la película (cosa que tampoco es muy difícil).
En resumen, no sucede nada interesante, no nos da una conclusión, no hay evolución de ningún tipo ni en la acción ni en los personajes y los padres de la criatura han intentado alargar el metraje de cualquier manera, cosa que nunca ha dado buenos resultados con ninguna película. Al final nos preguntamos qué ha sido de la mujer, del amante y del marido cornudo, los tres ejes principales del conflicto de la película. También nos preguntamos qué ha sido del conflicto y si la mujer vuelve con el marido, se queda con el amante o se fuga con un camionero que pasaba por allí. Nunca lo sabremos.
Lo peor: la manera en que han intentado exprimir lo poco que sucede para que dure hora y media. Lo mejor: el reparto es impresionante. Nota: **