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Cine Maverick - Televisión - Artículos
Castle: Fillion y castillos en el aire PDF Imprimir E-mail
Televisión - Artículos
Por Gabriela Garcés   
Martes, 09 de Marzo de 2010 01:46

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En la tómbola de la televisión nadie quiere quedarse sin regalitos. Y, si en la de la televisión española, nos estamos especializando en regalar en serie copias de Bart Simpson tuertas o perritos pilotos de los fatalmente hechos y feos, los estadounidenses se están especializando en regalar perritos bonitos, bien hechos y más simples que una mata de habas. Igualitos entre sí.

Por lo menos, ellos han recorrido el camino que va desde el genio artista en la ficción, hasta el artesano, dejando de lado, por lo general, el amateurismo en el que muchas veces, nosotros nadamos y nos ahogamos. El caso de Castle no es una excepción. Como tópica muñeca chochona, está muy bien acabada, pero de sosa, resulta hasta vulgar. En el sentido más anodino de la palabra.  Castle está bastante bien pero no es nada nuevo y resulta demasiado fácil de digerir y olvidar. Un consumo demasiado rápido.

Y es que muchas veces, los creadores no regurgitan bien el agua de las fuentes en las que beben. Así, en Castle nos encontramos al guaperas chuleta y  canalla, pero inmensamente inteligente, que se siente atraído por alguien mucho más racional, al que, por cierto, desquicia. No, no va de Han Solo. Tiene una hija adolescente, que es su vida y su alma: casualmente, además es una personita sabia y razonable en comparación con su locuelo progenitor. Redondearemos matizando que es un escritor de éxito que se encuentra en crisis creativa y divorciado.

Para empezar, no queremos ver Californication sin “fornication”. Así de claro. A mí no me apetece ver a un Hank Moody sin sexo, sin la metáfora que el mismo conlleva, sin la autodestrucción física y emocional, sin esa devastadora melancolía hacia el amor perdido, sin esa unión celestial con su hija. Despoja a Californication de eso y mete crímenes. Y eso que Nathan Fillion (cruelmente conocido como “el cancela-series”) levanta la serie él solito, de un 3 a un 6,5 muy digno. Pero un actor solo no puede hacer más. Es bueno a rabiar, pero está inmerso en una serie tópica de crímenes que reúne cada lugar común, en la que a cada minuto rezas para que no te cuente lo que esperas. Algunas veces es genial saber que te van a dar lo que esperas, como en House (Holmes, Jessica Fletcher, otros grandes referentes). Pero los personajes lo son todo, y la acción, un componente que los abraza. Si los personajes están vivos, sus acciones también lo estarán. Los mortales no queremos ver tanto a seres deslumbrantes sin más, como a seres deslumbrantes sufriendo, más que tú mismo. Desde la Grecia clásica. Por eso en House, el caso de cada capítulo engancha, pero lo que quieres es verle a él, con dolores, con conflictos emocionales, con su “tierna” relación con Wilson, Cuddy, 13 y con quien venga a tenor soltarle una fresca.

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En este caso, Castle es un escritor de novelas de crimen que toma por costumbre acompañar a una detective de la policía, Beckett, seria y profesional, que le encuentra irresistible, por cierto, mas se resiste, claro. La tensión sexual no resuelta es uno de los mejores inventos de la televisión y si bien desde Luz de luna o Remington Steele hasta Mulder y Scully, pasando por Bones, hemos devorado series por ella, no queremos que el pescado esté vendido desde el piloto. Yo muchas veces llegué a dudar sobre lo que pasaría con Ross y Rachel, y es que podía haber pasado cualquier cosa, como de hecho pasó. Aquí, la parejita protagonista se enreda constantemente en una serie de diálogos demasiado rápidos, pero no lo suficiente (que superen a las Chicas Gilmore si hay narices), demasiado grandilocuentes, pero no lo suficiente, para que sepamos que se gustan. Es todo tan medido y está tan controlado, de guión e interpretación, que no me trago que esos dos se gusten. Veo los hilos y ya no entro en vuestro títere. Lo siento. Después, a pesar de ser una serie pulcra, limpia de concepto y trabajada, que sigue las directrices de “el manual del guionista”, se permite ser excesivamente auto-explicativa (personalmente, eso me revienta). Evidentemente necesitas que uno sea un truhán y el otro una persona contenida para crear conflicto, pero yo quiero verlo, no que me lo cuente un compañerito de la oficina de policía: "¡Madre mía, con lo que te gusta a ti tener las cosas bajo control, te han metido un compañero que es todo lo contrario!" No vaya a ser que alguien no se haya dado cuenta.

Y es que en Castle veo una oportunidad muy desaprovechada. El director del piloto es Rob Bowman, que viene de Expediente X y se mueve reproduciendo, con peor suerte, el estereotipo. Bebe mucho y no digiere bien a Bones, House, Californication, Life, El mentalista, Lie to me, etc. para resultar una serie muy correcta que no emociona. Y para series de investigar crímenes ya tenemos a Grissom o Forensic Files.

Pero cómo no, hay puntos que me han gustado, mucho. Por algo tiene mi 6,5. Y a los creadores debe ser que no, porque no le prestan la menor atención. Para empezar, los asesinatos que investigan, la puesta en escena, es absolutamente poética y muy original, por lo menos en los capítulos que llevo vistos. Una mujer tiroteada, desnuda y cubierta con pétalos de rosa por todo el cuerpo y dos girasoles en los ojos, en el piloto, o una mujer muerta, girando en la secadora de la lavandería, muy lentamente. Son absolutamente preciosistas y, para mí, fascinantes. De hecho el piloto, en cuanto a trama, resulta mucho más interesante por su nivel emocional que los siguientes capítulos. Yo rezaba porque la trama del piloto no se solucionara fácilmente y la extendieran una temporada con cliffhangers de lo más angustioso. No fue así, la cortaron, en un anodino (en comparación) esquema de capítulos autoconclusivos. Una trama tan buena daba para una temporada, corta, pero daba. Al cerrarla rápido, parece un mero pretexto de unión de protagonistas sin más.

Los personajes que más me han gustado y me interesaban más, no han tenido más de tres frases (aparte de Fillion, claro). Son la ex-mujer cruel, la sensata hija y, especialmente, la abuela fiestera, que vive con ellos,  interpretada magistralmente por Susan Sullivan (Maggie Channing en Falcon Crest). De hecho, me parece que hay más magia en las escenas en las que abuela, hijo y nieta conversan sobre los asesinatos que cuando “la pareja” que forma Fillion con Stana Katic se tira pullas cargadas de deseo escondido. Sí, ella tiene un pasado atormentado y será su musa. Un poco con calzador. De todas maneras, también se ha desdibujado a los compañeros de la policía de Beckett, muy tópicos y tan intercambiables...

Me encanta la metatextualidad del piloto. Esa canallada de insinuar que es el escritor el que tiene más “ojo” para la vida y para resolver los asesinatos que la misma policía, tan estricta siempre y profesional. Destaco, además, la secuencia en la que Castle juega al póker con otros escritores de best-sellers reales, como  James Patterson y Stephen J. Canell, y sueltan píldoras sobre cómo debería ser la resolución del caso real, solamente porque la historia de la novela posterior resultara más interesante.

Tendría que darle más oportunidades, por si levantara el vuelo.Pese a todo, resulta una serie entretenida. Yo creo que desde Flashforward le he cogido un poco de manía a los polis en las series, sinceramente. Me voy a tener que meter en vena Canción triste de Hill Street para que se me pase un poco. Bendito seas Steven Bochco.

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El largo camino hacia la Torre: yo conozco el final de Perdidos PDF Imprimir E-mail
Televisión - Artículos
Por Juanma Ruiz   
Martes, 09 de Febrero de 2010 20:05

Bienvenidos a la última película de orientación Dharma, donde analizaremos algunos datos conciernientes al final de todas las cosas.

Hace unos años, en plena Edad de Oro de la ficción televisiva, el doctor Jack Shephard abrió los ojos. Se levantó, trajeado y magullado, en medio de la vegetación. Sin saber muy bien dónde estaba, comenzó a abrirse paso hasta llegar a una playa donde la gente gritaba y aún humeaban los restos de un accidente de avión. El vuelo 815 de Oceanic se había estrellado, y Perdidos acababa de empezar.

Según escribo estas líneas nos acercamos, lenta pero inexorablemente, al final de un largo viaje a Ítaca. Las tramas empiezan a confluir, los argumentos a cerrarse; los enigmas, a explicarse. Y mientras, yo me siento como al final de otra larga travesía que realicé hace tiempo. En aquella ocasión, el maestro de ceremonias era Stephen King. La obra se llamaba La Torre Oscura.

En multitud de ocasiones se han señalado los paralelismos de la obra magna de King con la serie de J.J. Abrams, pero ahora, con el final del camino a la vuelta de la esquina, es un buen momento para ponerlos sobre la mesa.

En primer lugar, el universo de King (del cual la saga de la Torre no es más que el punto central, pero que engloba en realidad toda su obra: relatos, novelas y guiones televisivos) habla de una realidad alternativa, o más bien de un nexo de realidades; un mundo donde el tiempo discurre a un ritmo diferente, donde conviven restos de una antigua tecnología abandonada con culturas antiguas, donde ciencia y magia no son polos opuestos, sino complementarios.

A partir de cierto momento en la saga literaria, los protagonistas se ven envueltos en realidades alternativas, así como en viajes desde el mundo de la Torre hasta el pasado del mundo “real” para evitar la catástrofe que acabó con alguno de los personajes en el llamado “Mundo Medio”. Exactamente igual que intentan los Losties al final de la quinta temporada. Los saltos temporales y entre realidades se hacen desde ese momento moneda común en las novelas.

El primer libro de la serie, El pistolero, comienza con un personaje caminando por el desierto. Apenas sabemos nada, ni por qué está ahí ni qué quiere. Sin embargo, poco a poco vamos descubriendo su mundo, se van reuniendo distintos personajes procedentes del nuestro y se van abriendo enigmas constantes. La mecánica es similar a la empleada por la serie de Abrams, Lindelof y Cuse: un grupo de supervivientes en una isla apenas aporta información sobre qué está ocurriendo ahí, y si echamos ahora la vista atrás, es sorprendente cuán poco sabíamos de Perdidos en aquella primera temporada.

Igual que es sorprendente comprobar algunas de las “coincidencias” quizá menos relevantes, pero mucho más concretas entre las dos obras:

- Eddie, uno de los protagonistas de las novelas, es presentado a bordo de un avión y metiéndose heroína justo antes de ser transportado al mundo del pistolero. Y ver cómo el propio pistolero, Roland, se encarga de librar a Eddie de su adicción, cual Hobbit yonki estrella del rock.

- Son constantes las alusiones a marcas ficticias, representativas de las distintas realidades entre las que se mueven los personajes. Igual que en Perdidos aparecen las barritas Apollo, en La Torre Oscura tenemos el refresco de cola Nozz-a-la que, por cierto, hace su aparición brevemente en el globo de Henry Gale (¿alguien se acuerda de aquello, a estas alturas?).

- El protagonista de una de las novelas clave para entender la saga, Casa Negra, se llama Jack Sawyer. Como diría Stan Lee, “’nuff said”.

- Una de las tramas más relevantes concierne a un grup que secuestra niños con habilidades especiales: la percepción extrasensorial conocida como “el Resplandor” o “el Toque”, similar al extraño don que parece poseer Walt.

- La Torre Oscura se encuentra en el punto en que se cruzan los haces que nacen de distintas estaciones dispuestas en círculo, cada una con un nombre de animal.

- Por supuesto, existen empresas que relacionan el mundo “real” con el mundo del pistolero, corporaciones como North Central Positronics o Sombra Corporation, similares a Dharma, Hanso Foundation o Widmore Industries.

- Una cuestión repetida en la isla de Perdidos es acerca de si los Red Sox ganan la liga. Se trata de una pregunta que no pasará desapercibida a nadie que haya leído la obra de King.

- El último libro incluye un viaje temporal a 1977, el mismo año al que viajan los náufragos durante la quinta temporada de la serie.

Existen muchísimas más coincidencias, algunas quizá cogidas por los pelos, otras, como poco, sorprendentes. Y todo esto significa que, quizá, el final de la serie sea parecido, o igual en esencia, a la historia de Roland, el último pistolero de Gilead. Y, aún a estas alturas, ésa es una teoría que podría tener sentido, a diferencia de las miles que se han ido desmontando a medida que avanzaban las temporadas.

Lo curioso es que, fuera de los guionistas, tan sólo una persona conoce el final de Perdidos. Alguien que se entrevistó con Abrams cuando aún paladeábamos la primera temporada, y que dijo que lo que los creadores nos tienen reservado será apoteósico. Alguien, por cierto, llamado Stephen King. Pero los demás, simples mortales, hasta que llegue el esperado capítulo final, lo único que sabemos a ciencia cierta es esto:

Cuando Jack despertó, el humo negro ya estaba allí.

 
Lo de Skins no es normal y ahora verás por qué PDF Imprimir E-mail
Televisión - Artículos
Por Gabriela Garcés   
Martes, 02 de Febrero de 2010 12:39


1. Lo de la historia que dio germen a todo. Había una vez un padre y un hijo que vivían felices en Bristol. Un día, el hijo, que Jamie se llamaba, se enfadó de veras y le dijo a su padre: “Papá, no hay una serie adolescente buena. Estoy harto de que todas estén orientadas al uso y disfrute de  treintañeros. Eso que sale en la tele no somos nosotros, papá, por eso a los adolescentes esas series no les gustan. Las odian. No nos comportamos así, no vestimos así y ¡Por Dios!¡No hablamos así! No.” El padre, Bryan, se quedó pensativo y decidió pasar a la acción: “Hijo, ¿tú quieres que hagamos una serie chula para gente de tu edad?” Y colorín colorado, Bryan Eisley y Jamie Brittain crearon la mejor serie de adolescentes británica y posiblemente, universal, que ya ha hecho historia desde 2007: Skins.

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Cinco razones objetivas (y dos subjetivas) por las que a tu chica le encantará Battlestar Galactica PDF Imprimir E-mail
Televisión - Artículos
Por Gabriela Garcés   
Jueves, 21 de Enero de 2010 23:47

Frak that girl Galactica


Con las series pasa lo mismo que con los juguetes: el balón para los niños y las princesas para las niñas, y ahí empieza todo. Gracias al cielo, ahora mismo hay muchas series de éxito hechas para atraer tanto al niño como a la niña (Lost por ejemplo) y no a la manera “española” sino a la manera buena: no hay trama de niño, trama de viejo, trama de joven. Sino una trama que engrana todas a la perfección sin pegotes, gracias. Battlestar Galactica me ha sorprendido tanto que tengo las orejas rojas por la vergüenza de mis prejuicios de Princesa Disney.

Porque claro, muchas chicas viven engañadas creyendo que les gustan “las series de chicas” y no se han parado a pensar ni siquiera en lo que ven ni en el mensaje que les están metiendo. No quiero ser una de esas chicas. Jamás. Es más, yo pensé que no lo era: sé que Sexo en Nueva York es una crítica atroz (y no una alabanza) a la mujer moderna y pseudo-liberada.

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Marchando una de vampiros de pueblo de Autor PDF Imprimir E-mail
Televisión - Artículos
Por Gabriela Garcés   
Domingo, 15 de Noviembre de 2009 22:42

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Monográfico: Las Aventuras del Joven Indiana Jones PDF Imprimir E-mail
Televisión - Artículos
Por Daniel Franco   
Jueves, 10 de Septiembre de 2009 09:44

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